Las personas no nacemos ya hechas, acabadas, sino por hacer, como el material de un escultor.
Siempre hay margen de decisión, posibilidad de elegir
Al no estar ya determinados a dar una respuesta única, ni a elegir una de las múltiples posibilidades, podemos decir que somos libres.
Seremos más libres cuanto mejor conozcamos el mundo que nos rodea, cuanto más creativos seamos y cuanto mejor soportemos la presión social.
Nuestra libertad está condicionada por el entorno y por cómo somos
El carácter de una persona es su sentimiento fundamental de la existencia, el tono vital con el que se enfrenta, por naturaleza, a la realidad.
En cada uno de nosotros hay una unidad emocional e inteligente última, que no hemos elegido, sino que nos viene dada por naturaleza: es el carácter.
Por ser libres podemos ir forjándonos una personalidad propia, que es lo que los antiguos llamaban “segunda naturaleza”
Se trata de forjar una escultura (personalidad) a partir de un material dado (carácter).
En esta forja -decía ya Aristóteles- consiste la vida moral: en adquirir las virtudes y actitudes que van componiendo la personalidad.
Cuando algo nos interesa, necesitamos ejercitarnos, no sólo para conseguirlo, sino para adquirir hábitos en ese sentido, que nos ahorren esfuerzo
La vida moral tiene una meta -ser persona en plenitud- y para lograrla es preciso ir adquiriendo los hábitos correspondientes.
A los hábitos que encaminan al bien los llamaron los clásicos «virtudes», a los que alejan de él, «vicios».
En Grecia, la virtud -areté- se entendía como “excelencia del carácter”.
En la Edad Media, el término latino virtus va cobrando el significado “fuerza”, que es hoy el usual: la fuerza del alma para hacer el bien.
Virtud es una predisposición a obrar bien, adquirida mediante ejercicio.
La psicología tiende a sustituir la expresión hábitos por actitudes.
Las actitudes son aquellas predisposiciones, aprendidas y relativamente fijas, que orientan la conducta que previsiblemente se manifestará ante una situación u objeto determinados.
Actitud autoritaria, actitud sumisa, actitud solidaria...
Las actitudes, como las virtudes, son expresión del ser más profundo de las personas, compuesto a la vez por sentimientos, inteligencia y razón.
No somos exclusivamente sentimentales ni exclusivamente racionales.
Por eso, virtudes y actitudes contienen componentes cognitivos (convicciones y creencias), afectivos (sentimientos favorables o desfavorables en relación a la situación o el objeto) y comportamentales (tendencia a responder en un determinado sentido a un aspecto de la realidad).
Son difíciles de modificar, pero es posible hacerlo
Virtudes y actitudes son clave en la vida moral, porque las personas solemos actuar según las predisposiciones que hemos adquirido.